Yo estuve allí, la pasada noche del 8 de enero, en el homenaje organizado a los vecinos de Ribadelago.
Creo hablar en boca de muchos sanabreses al decir que sí, que era una noche para el recuerdo de las víctimas, pero también, y sobre todo, un abrazo a los supervivientes, a aquellos que nos demostraron que se puede salir adelante, contra todo y contra todos.
El frio intenso nos mostró un atisbo de lo que debió ser aquella noche, hace ya cincuenta años. Lástima de iluminación del Cañón del Tera, uno de los actos anunciados a bombo y platillo.
Iluminación funebre, ha titulado "El Mundo". Un candil, una mierda han dicho otros medios. Todos los que allí estuvimos nos sentimos decepcionados, hastiados.
Por una vez que las miradas de todo el país se centran sobre nosotros, respondemos con una chapuza. No estamos a la altura. No. No, vecinos de Ribadelago, sanabreses todos: el ridículo no lo ha hecho Sanabria: han fallado los de siempre.
Ya ha pasado el tiempo de la resignación. Exijamos responsabilidades. El ganarnos el futuro está en nuestras manos, como lo estuvo en las de aquellos que hace cincuenta años sufrieron la riada y salieron adelante, contra todo y contra todos. Va por vosotros.





