Planes sí, pero con dinero y proyectos Si la noticia era la semana pasada la situación crítica del urogallo, ayer el Boletín Oficial de Castilla y León publicaba la orden por la que la Junta aprueba el Plan de Recuperación de esta especie, que tiene en la provincia de León uno de sus últimos reductos.
El Plan ha sido inmediatamente contestado por los alcaldes de los municipios afectados, que ven en esta medida un intento de limitar sus competencias y prohibir el modo tradicional de vida de sus pueblos. A los alcaldes no les falta razón. Antes de su aprobación, el Plan debería haber intentado ser consensuado. No hay ni un solo plan de conservación de la Administración autonómica, sea en defensa del urogallo, del oso o del medio ambiente, que no encuentre la oposición de los municipios afectados, incluidos los de su propio color político. Y es que parece que sólo se pretende llegar a un objetivo estadístico de hectáreas protegidas sin contar con quienes son los grandes artífices de que esos territorios hayan logrado mantener esa riqueza natural hasta hoy en día. Sólo hay que mirar para lo que ha pasado con el Parque Natural del Lago de Sanabria para comprobar que en la provincia de León se intenta hacer lo mismo con varios planes. En Sanabria apenas se han hecho inversiones y las prohibiciones de caza y aprovechamientos han convertido miles de hectáreas en lo más parecido a una expropiación forzosa. Castilla y León, la provincia de León, sobre todo, cuentan con espacios que es necesario preservar por su riqueza medioambiental, pero al mismo tiempo hay que decir que los planes gubernamentales no se pueden hacer a golpe de decreto, sólo sobre el papel. Los planes deben llevar acompañados proyectos. Sólo así serán creíbles y serán efectivos.
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